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"Resulta que, en la década prodigiosa del pelotazo, cuando media
España se lo llevaba caliente a casa, cuando un encofrador sin
estudios se embolsaba tres mil euros, cuando hasta el último garrulo
montaba una constructora y en connivencia con un par de concejales
se forraba sin cuento, cuando un gañán que no sabía levantar tres
ladrillos a derechas se paseaba en Audi, los funcionarios aguantaban
y penaban. Nadie se acordaba de ellos. Eran los parias, los que
hacían números para cuadrar su hipoteca, hacer la compra en el
Carrefour y llegar a fin de mes, porque un nutrido grupo de
compatriotas se estaba haciendo de oro inflando el globo de la
economía hasta llegar a lo que ahora hemos llegado.

Y ahora que el asunto
explota y se viene abajo, la culpa del desmadre… es de los
funcionarios. Los alcaldes, diputados y senadores que gobiernan la
cosa pública a cambio de una buena morterada no son responsable de
nada y nos apuntan directamente a nosotros: somos demasiados, hay
que ultracongelarnos, somos poco productivos. Los responsables
bancarios que prestaron dinero a quienes sabían que no podrían
devolverlo tampoco se dan por aludidos. Todos los intermediarios
inmobiliarios, especuladores, amigos de alcalde y compañeros de
partida de casino de diputado provincial no tenían noticia del
asunto.


La culpa, según estos
preclaros adalides de la estupidez, es del juez, abogado del estado,
inspector de hacienda, administrador civil del estado que, en lugar
de dedicarse a la especulación inmobiliaria a toca teja, ha estado
cinco o seis años recluido en su habitación, pálido como un vampiro,
con menos vida social que una rata de laboratorio para preparar unas
oposiciones monstruosas y de resultado siempre incierto, precedidas,
como no podía ser de otra forma, de otros cinco arduos años de
carrera. La culpa es del profesor que ha sorteado destinos en pueblos que no
aparecen en el mapa para meter en vereda a benjamines que hacen lo
que les sale de los genitales porque sus progenitores han abdicado
de sus responsabilidades. Del auxiliar administrativo del Estado,
natural de Écija y destinado en Barcelona que, con un sueldo de 1000
euros, paga un alquiler mensual de 700 y soporta estoicamente que un
taxista que gana 3000 le diga..... ¡¡¡ joder, que suerte,
funcionario ¡¡¡
La culpa es nuestra. A poco que nos
descuidemos nosotros los funcionarios seremos el chivo expiatorio de
toda una caterva de inútiles, vividores, mangantes, políticos
semianalfabetos, altos cargos de nombramiento digital, truhanes,
pícaros, periodistas ganapanes y economistas de a verlas venir que
sabían perfectamente que el asunto tarde o temprano tenía que petar,
pero que aprovecharon a fondo el momento, al grito de mientras dure
dura! y que ahora, con esa autoridad que da tener un rostro a prueba
de bomba, se pasan al otro lado del río y no sólo tienen recetas
para arreglar lo que ellos mismo ayudaron a estropear, sino que,
además, han llegado a la conclusión de que los culpables son...
tachaaaaaan...los funcionarios.
Soy funcionario. Y además bastante recalcitrante:
tengo cinco títulos distintos. Ganados compitiendo en buena lid
contra miles de candidatos. ¿Y saben qué? No me avergüenzo de nada.
No debo nada a nadie (sólo a mi familia, maestros y profesores). No
tengo que pedir perdón. No me tocó la lotería. No gané el premio
gordo en una tómbola. No me expropiaron una finca. No me nombraron
alto cargo, director provincial ni vocal asesor por agitar un carnet
político que nunca he tenido.

Aprobé frente a tribunales formados
por ceñudos señores a los que no conocía de nada. En buena lid: sin
concejal proclive, pariente político, mano protectora ni favor de
amigo. Después de muchas noches de desvelos, angustias y desvaríos y
con la sola e inestimable compañía de mis santos cojones. Como
tantos y tantos compañeros anónimos repartidos por toda España a los
que ahora algunos quieren convertir, por arte de birli-birloque,
en culpables de la crisis.
Amigos funcionarios, estamos
rodeados de gente muy tonta y muy .... .. ....
PD. Si alguien, en cualquier contexto, os reprocha -como es
frecuente- vuestra condición de funcionario, os propongo el refinado
argumento que yo utilizo en estos casos, en memoria del gran
Fernando Fernán-Gómez:
| ¡¡¡
Váyase Usted a la mierda, hombre, a la puta
mierda !!! |

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